Cada vez somos más conscientes de que el bullying o el acoso escolar o laboral genera heridas en el desarrollo de las personas e incluso llega a ser motivo principal de que l@s afectad@s lleguen a autolesionarse o quitarse la vida. Por desgracia, es algo que no ocurre sólo en la infancia, ya que en el día a día tod@s podemos tener acceso a conversaciones, comentarios o situaciones en las que algunas personas son injustas, crueles o simplemente no tienen en cuenta a otras personas ni sus sentimientos, incluso, a veces, nosotr@s, a pesar de intentar ser respetuos@s y coherentes, podemos estar implicad@s en estás dinámicas de rechazo de manera más o menos directa, ya que en nuestra sociedad pasan muy desapercibidas. No solo están normalizadas, sino que, en ocasiones, el “hablar de otr@s” se usa como una forma de relacionarnos. Además, el juicio y la crítica destructiva se “disfraza” de constructiva y podemos llegar a verla como un gesto de cuidado o autocuidado.

Para erradicar o minimizar esta consecuencia de generar daño en l@s demás, lo más importante es educar y educarnos en la consciencia, que es la capacidad de darnos cuenta de nuestro mundo interno y a la vez del externo sin que uno “tape” al otro y ver cómo se influyen entre sí. Es tan vital dar la importancia a nuestros propios derechos, como reconocer los de l@s demás para ser y criar a buenas personas. La clave de todo es la responsabilidad, que es la capacidad que cada un@ tenemos para no sólo ser conscientes, sino también hacernos cargo del papel que jugamos en cualquier situación y tomar acciones para ajustar o reparar, si es necesario.

Dotar a l@s más pequeñ@s de valores y capacidades que les ayuden a relacionarse y convivir con l@s demás de manera sana es uno de los mayores regalos que podemos hacerles, si no el que más. Además, tengamos en cuenta que es en casa, desde los vínculos más cercanos, desde donde podemos obrar esta labor de manera más significativa.

bullying o el acoso escolar o laboral

Por ello, reflexiono contigo y te comparto cuáles son las capacidades y claves más importantes a tener en cuenta en la crianza para no estar en ninguno de los roles que envuelven al acoso o bullying: agresor/a, víctima, ni observador/a pasiv@ y cómo fomentarlas.

1. La consciencia

Como ya hemos dicho, es la capacidad principal sobre la que se asientan las demás. Consiste en preguntarnos cómo afecta a nuestro entorno lo que nosotr@s hacemos y decimos y cómo nos afecta a nosotr@s lo que pasa a nuestro alrededor. No se trata de no cometer errores, ni evitar generar ningún tipo de malestar en l@s demás, sino de darnos cuenta de cuándo esto pasa para poder ajustar, si es necesario.

🡪 ¿Cómo lo potenciamos? 

Desde el ejemplo; parándonos a pensar y preguntándonos, primero a nosotr@s y después con ell@s. Recomiendo que esta “consciencia” no se establezca únicamente en lo que respecta al bullying, ya que si estos valores o capacidades que estamos promoviendo no son consistentes en todos los aspectos de su vida, el aprendizaje será mucho más superficial y frágil.

Ejemplo general: ¿Qué crees que pasaría si tirásemos este papel al suelo?, ¿cómo afectaría eso a la gente que pasa por aquí?, ¿qué crees que pensarían o harían los demás si nos ven?, ¿cómo sería el parque con papeles en el suelo?, ¿qué crees que pasaría con ese papel?; o ¿te has dado cuenta de que gracias a que tiramos los papeles a la basura el parque está más limpio?, ¿te has fijado que cuando lo hacemos hay personas que se dan cuenta y también tiran sus papeles a la papelera?, ¿qué piensas tú cuando ves a alguien tirando los papeles en la papelera en lugar de en el suelo? 

Ejemplo concreto: ¿Qué crees que pasaría si insultamos a esta persona?, ¿cómo afectaría eso a esa persona?, ¿qué crees que harían los demás si lo ven?, ¿cómo sería ir al cole y que l@s compañer@s os insultaseis?, ¿cómo crees que reaccionaría este/a niñ@?, ¿crees que si no contesta es que no le ha molestado?, ¿te has fijado en que las personas con las que nos sentimos más a gusto son las que nos tratan bien y no nos insultan?, ¿qué haces/sientes/piensas tú cuando alguien te insulta o insulta a otr@s delante de ti?, ¿reaccionarías igual si insultan a tu amig@ que si insultan a un/a compañer@?

En niños más pequeños podemos educar en la consciencia haciendo evidente con nuestra reacción emocional (sin dramas, para no generar culpa excesiva), que lo que hace genera una reacción, por ejemplo: cuando tira del pelo o te da un manotazo, incluso sin querer, podemos decir en voz alta: “¡Ay! Si tiras del pelo a mamá/papá le duele”, “Si tocas suave al perrito le gusta”, etc.. Nada de “niñ@ mal@”, “pórtate bien”, o “te has portado mal”, ya que de esa manera no nos focalizamos en el acto que daña ni en la consecuencia, si no que promovemos la culpa en lugar de la responsabilidad. 

2. Pensamiento crítico/reflexivo

Es la capacidad de pensar sobre las cosas que pasan y nos pasan. Analizar las situaciones de manera honesta y sensible para detectar causalidades, posibles errores y aciertos e intentar llegar a conclusiones. Se trata de manejar los datos de los que nos hacemos conscientes, ya que solamente ser conscientes de algo no es suficiente. Incluso como adult@s, tod@s sabemos qué está bien y qué está mal, pero que seamos conscientes no siempre implica que le demos una vuelta ni que pensemos en qué podríamos aportar o hacer diferente.

🡪 Para que l@s niñ@s reflexionen les tenemos que poner en un papel activo, es decir, dejarles espacio para que experimenten y hacerles preguntas o hacérnoslas junt@s en lugar de darles discursos en los que ell@s permanezcan continuamente pasivos “escuchando”. Es necesario dar cabida a que tengan sus propios pensamientos y darles tiempo para que lleguen ell@s a las conclusiones. Claro que podemos ayudar con preguntas que guíen o transmitir valores universales como: “No se pega porque hacemos daño”, “No hagamos algo que no nos gustaría a nosotr@s”, etc., pero lo mejor es que previamente haya habido una reflexión conjunta que os guíe hasta esa conclusión. 

Pensamiento crítico/reflexivo

3. La responsabilidad

No confundirla con la culpa. Buscar culpables de las situaciones genera frustración intensa y desvía la función de la responsabilidad, que es ajustar y reparar para cuidarnos y cuidar lo que nos rodea y a quienes nos rodean. La responsabilidad conlleva hacernos cargo del papel que jugamos en lo que está ocurriendo, ya sea una situación en la que estamos implicados más directamente o en la que podemos estar implicados de manera más secundaria, o incluso pensar que no lo estamos porque creamos que no nos incumbe. 

🡪 ¿Cómo la fomentamos?

Aprovecha situaciones cotidianas de “conflicto” en las que puedas estar implicad@ de alguna manera y pregúntate con él/ella en voz alta, sin emitir juicios: ¿En qué he podido contribuir yo a que esto haya ocurrido?, ¿qué podría haber hecho diferente?, ¿qué me ha pasado para hacerlo así?, ¿qué podría intentar la próxima vez?, ¿y qué puedo hacer ahora para mejorar la situación?, ¿qué me gustaría, pero no depende de mí?, ¿qué podría haber hecho diferente el/la otr@?, ¿qué me hubiera gustado que hiciera?. Si nos ven a nosotr@s hacernos cargo de las cosas que nos rodean, de manera ajustada y en la medida en la que nos es posible, les saldrá natural hacerlo a ell@s también. Hay que generar la expectativa de que quien reconoce y repara: “gana”, en lugar de perder por ser “el/la culpable”, y esto se hace siendo nosotr@s l@s primer@s en reconocer nuestra parte cuando nos equivocamos o creemos que podríamos haberlo hecho mejor.

Ejemplo de consciencia + responsabilidad: “Me he dado cuenta de que cuando te he gritado/hablado borde/metido prisa antes, te has puesto triste/asustad@/ enfadad@. Siento mucho haberlo hecho, no quería que te sintieras así. Me he puesto (no -me has puesto-) nervios@ y no he sabido hablarte bien. La próxima vez intentaré acordarme y respirar para calmar mis nervios. ¿Tú qué crees que podrías hacer diferente la próxima vez?, ¿qué necesitarías para hacerlo así?”

4. Empatía

Es la capacidad de conectar con lo que l@s demás sienten, darle un valor y actuar en consecuencia de la manera que nos sea posible. Es “ponernos en los zapatos del otro”, pero con sus pies, no con los nuestros. Cuidado, que la empatía no es sólo reconocer lo que está sintiendo la otra persona, ni tampoco es exactamente ver qué sentiríamos nosotr@s en esa situación; ambas cosas son parte del proceso de empatizar, pero si nos falta la parte de darle valor y entender la repercusión que tiene para la otra persona la situación vivida, no hay empatía real. Esto no significa que lo que sientan l@s demás nos condicione o “tape” lo que sentimos o necesitamos nosotr@s, sino más bien hacer posible que ambas necesidades (las nuestras y las de l@s demás) puedan coexistir de la mejor manera posible en cada situación. Tenemos que diferenciar entre empatizar y simpatizar. Simpatizar en psicología es llegar a sentir lo que la otra persona siente y hacernos responsables de ello. Esto no nos hace mejores personas, sino que genera un desequilibrio en la responsabilidad y bloquea nuestra capacidad de acompañarl@.

🡪 ¿Cómo la promovemos?

La empatía es una de esas “cosas” que sólo se dan si se han recibido. Por lo tanto, si tú eres empátic@ con tu hij@, sin hacerte responsable de su sufrimiento, ni evitándole malestar o frustraciones necesarias para crecer, si no estando disponibles, acompañando, ayudándol@ a expresar, poniendo en palabras lo que está sintiendo y dándole valor, sin duda, desarrollará esta capacidad. Algo que tenemos que tener en cuenta es que la empatía se sustenta con educación emocional, es decir, en la medida en que en casa hablemos de manera natural sobre lo que sentimos y sienten las personas que nos rodean, les facilitaremos el poder identificar, entender y entenderse en diferentes situaciones.

Empatía

5. Sentimiento de pertenencia y comunidad vs Individualismo

Actualmente vivimos en una sociedad que tiende a ser cada vez más individualista en muchos aspectos. Además, se prioriza el criar niñ@s felices en lugar de criar “buenas personas” (conscientes, segur@s, sensibles, responsables, cuidados@s, respetuos@s, empátic@s, etc.). Nos preocupamos más de que nuestr@s hij@s no sean las víctimas, que de la posibilidad de que puedan ser ell@s quienes agredan. Imaginemos que nuestr@ hij@ se encuentra en una situación de vulnerabilidad y lo está pasando mal. ¿Nos gustaría que las personas de alrededor hicieran algo o les diríamos que se ocupasen de sus asuntos?, ¿en qué situación dejaría a nuestr@ hij@ si las personas que pueden ver lo que está pasando miraran para otro lado intentando evitar salir perjudicad@s? Se nos revuelve el cuerpo sólo de pensarlo, ¿verdad? Éstas serían experiencias de abandono y rechazo que dejarían huella sin duda en su autoestima y en su manera de relacionarse. 

🡪 Por esa razón es importante no sólo que promovamos la empatía, si no el sentimiento de formar parte del mundo, de ser conscientes y sensibles a las circunstancias de otras personas, aunque no sean necesariamente de nuestro círculo. Hacernos y hacerles la pregunta de: ¿qué crees que necesita esa persona?, ¿se te ocurre alguna manera de ayudarl@ y de protegerte?, ¿qué te gustaría que hicieran l@s demás si estuvieras en su lugar? Pensar junt@s en alternativas hará que, aunque no eviten los conflictos, elijan el camino coherente con sus valores. Por supuesto, una vez más, aquí, si no predicamos con el ejemplo, no habrá consistencia en el aprendizaje.

6. Seguridad y amor propio

Sentimiento necesario de ser lo suficientemente importante y válido por lo que soy y por cómo me comporto. Tanto para poder reconocer mis errores o déficits sin anular o poner en duda mi valía, como para que la culpa no me invada y me paralice o sienta que tengo que mentir. Este punto está relacionado con las experiencias compartidas con tu hij@ que formarán su apego. Cuanto más seguro sea el apego de un/a niñ@, menor probabilidad de ser víctima, agresor/a u observador/a pasiv@. Porque un/a niñ@ bien tratado no perpetúa el sufrimiento de otr@, ni tolera el suyo, ni se queda de brazos cruzados ante estas situaciones. Lo que genera un vínculo seguro es el sentimiento de amor incondicional y la autonomía adaptada a su edad. ¡Ojo! Que no se trata de no poner límites, ni de no ver los errores o dificultades de tu hij@, sino de acompañarl@  para solventarlos, sin resolver tú la situación por él/ella; y de que esos límites sean respetuosos con sus necesidades (no sólo con sus deseos), así como con las necesidades de l@s demás. La sobreprotección y el autoritarismo son en muchos casos precedentes de casos de acoso escolar. 

🡪 Nosotros, como figuras de referencia por excelencia en la vida de nuestr@s hij@s, tenemos en nuestra mano la responsabilidad de transmitirles su valor y las cosas que les hacen valios@s. Intenta poner atención en validar sus características personales en lugar de las físicas; intenta alentarl@ con una tarea, en lugar de elogiar el resultado o su capacidad; pon en palabras el esfuerzo que suponen las cosas y las emociones que le genera el mundo. ¡Ah! Y no olvides que tu forma de hablarte a ti mism@ y las cosas por las que te valoras o te rechazas, así como la forma de hablar de los demás, son una gran fuente de aprendizaje sobre este tema. Si quieres saber más sobre el apego puedes echarles un vistazo a los posts ¿Cómo es tu molde relacional? ¿Cómo influye el apego en tus relaciones? Parte 1 y Parte 2.

Seguridad y amor propio

7. Asertividad en la resolución de conflictos

En la línea de reforzar el sentimiento de seguridad en l@s niñ@s, necesitamos tener en cuenta que necesitan poder darse su lugar en el mundo y, en concreto, en las situaciones con algún grado de conflicto. Este lugar que queremos que se den no está ni por encima, ni por debajo del de l@s demás. Se trata más bien, como hemos dicho anteriormente, de dar cabida a nuestras necesidades, teniendo en cuenta las de l@s demás, en la medida de lo posible. Así mismo, también es necesario tener claras las “líneas rojas” que, bajo ningún concepto, se deben pasar, ni deben vulnerar con ell@s. 

🡪 ¿ Y cómo lo hacemos?

Entrenando con los propios conflictos familiares. Diferenciemos discutir (con respeto) de pelear (sobrepasar los límites). Intentemos discutir con nuestra pareja o personas convivientes, expresando nuestros pensamientos y sentimientos de una manera respetuosa, negociando e intentando llegar a acuerdos en los que tod@s ganemos de alguna forma. Cuando haya indicios de pelea, u os acerquéis a las líneas rojas, intentad daros cuenta y ponerlo en alto para reconducir y siempre reparar repartiendo la responsabilidad y poniendo el vínculo por encima de cualquier foco de conflicto. Intentad por todos los medios no sobrepasarlas vosotr@s. Ten en cuenta que normalizar ciertas actitudes o faltas de respeto les hace vulnerables para recibirlas y permitirlas fuera de casa o tenerlas con l@s demás vulnerando su autoestima.

Si necesitas ayuda con estrategias de comunicación y resolución de conflictos te dejo por aquí nuestros posts de “9 claves para gestionar los conflictos” y “Claves en la comunicación con niñ@s y adolescentes”.

8. Reconocer el/la hij@ que tenemos

Es un hecho que tendemos a percibir a nuestr@s hijos como una extensión o parte de nosotr@s. Por esta razón entre otras, nos cuesta reconocer y ser conscientes de que pueden cometer según qué errores. Porque sabemos que hay parte de responsabilidad nuestra en sus acciones, aunque no toda (recuerda repartir). Reconocer sus dificultades o errores no nos hace desleales a ell@s, porque forma parte del amor incondicional, de reconocer que son imperfect@s y que aún así l@s queremos, aunque no validemos ni, por supuesto, justifiquemos acciones que no están dentro de los valores que les intentamos transmitir. Cuando l@s niñ@s o l@ adult@s herimos, no significa que seamos mal@s, significa que no tenemos herramientas para resolver según qué situaciones y necesitamos cambiar para proteger los vínculos. Negar sus dificultades o sus errores no es amor, es abandono. La única forma de salir de una situación de acoso es encontrar nuevas estrategias de afrontamiento y ver las necesidades que hay detrás de los comportamientos de l@s distint@s implicad@s. Si no somos honest@s y tenemos el valor de ver lo que le está pasando a nuestr@ hij@ y que la forma de gestionarlo no está siendo la adecuada, no podremos protegerl@ para que esta situación no se instaure ni ayudarl@ a buscar alternativas para gestionar la situación presente y situaciones futuras. Esto es así para l@s víctimas que necesitan que validemos su malestar y no minimicemos (“son cosas de niñ@s”) y les ayudemos a poner en marcha soluciones; para l@s agresor@s, que necesitan ayuda para frenar y ver qué les está pasando; y para l@s observador@s pasiv@s, que tienen un papel crucial en las situaciones de bullying y necesitan sentirse segur@s y saber cómo actuar para que el acoso pare.

Reconocer el/la hij@ que tenemos

Espero que estas reflexiones te hayan ayudado a ser más consciente y poner el foco en estos aspectos de la crianza que consideramos esenciales para evitar situaciones de acoso escolar y que, lejos de sentirte señalad@ o juzgad@ como padre o madre, te hayas podido sentir acompañad@ con esta pequeña guía. Aún así, sabemos que la crianza y la gestión de algunas situaciones conlleva muchos conflictos internos, familiares e incluso de pareja, que, en ocasiones, requieren de un apoyo externo para salir adelante. Si es tu caso o el de alguien a quien aprecias, no dudes en ponerte en contacto con nosotras y te acompañaremos a ti y a tu familia de la manera que necesitéis. Recuerda que pedir ayuda no nos hace vulnerables, si no que nos fortalece preparándonos para conseguir poner en marcha los cambios que necesitamos.

Marta López de Lerma Parada, Psicóloga General Sanitaria

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